Hay un castillo en Benicasim que la mayoría de los que van a sus playas no saben que existe.
Está a cuatro kilómetros del paseo marítimo, a unos 450 metros de altitud, en la cima escarpada de una de las crestas de la Sierra del Desierto de las Palmas. Y lo mejor no es la construcción en sí, ya que queda poco de ella; lo más impresionante son las vistas panorámicas que hay desde aquí.
¿Te llama la atención? Te contamos más sobre el Castillo de Montornés.
Historia y curiosidades
El Castillo de Montornés es Bien de Interés Cultural, de titularidad pública y uno de los lugares más sorprendentes que puedes visitar en la Costa del Azahar.
Su historia empieza mucho antes de los árabes; los terrenos sobre los que se asienta estuvieron poblados desde la Edad del Bronce y, durante la ocupación romana, ya había en esa cima alguna construcción de carácter defensivo.
Por eso, aunque se suele decir que el Castillo de Montornés es de origen árabe y que data del siglo X, no es del todo así. Fue construido —casi con toda seguridad— sobre cimientos romanos a manos de los Banu Qasim —los hijos de Qásim—, el linaje musulmán que gobernaba estas tierras. De ellos, por cierto, viene el nombre del municipio: Benicasim.
El objetivo de esta fortaleza, dada su posición estratégica hacia el mar, era el de proteger la zona de La Plana Alta; es decir, unos 17 municipios actuales.
Más tarde fue conquistada por El Cid en el 1094 y, posteriormente, por Jaime I en el 1233. Finalmente, la fortificación fue abandonada en el siglo XVII, cuando sus habitantes bajaron al llano aprovechando los tiempos de paz.

Cómo es el castillo por dentro
El Castillo de Montornés era, en su época de esplendor, una fortaleza de grandes dimensiones. Se adaptaba a la superficie irregular de la montaña y constaba de tres recintos amurallados, cada uno pensado para una función diferente y para ofrecer distintas líneas de defensa en caso de ataque.
El primer recinto, el más exterior, era la zona de primer control. De él apenas quedan restos de torres y algún que otro muro. El segundo conserva cimientos de murallas y un aljibe. Y el tercero, el núcleo más protegido, albergaba las dependencias principales: estancias para los soldados, almacenes, capilla y el patio de armas. Era la última línea de defensa y donde más vida se hacía.
Este sistema defensivo, que en la época era inexpugnable, se completaba con dos torres vigía y lo novedoso aquí es que no eran iguales: una de ellas era de planta cuadrangular y la otra cilíndrica. Juntas vigilaban tanto el interior como la franja costera. ¡Todos los flancos cubiertos!
Además, la fortaleza formaba un triángulo defensivo con dos construcciones auxiliares: la Torre de San Vicente, que todavía se conserva a pie de playa y también puedes visitarla, y la Caseta de Salandó, un puesto de guardia avanzado. Con estas tres instalaciones… ¡adiós a los puntos ciegos!
De todo ello queda hoy menos de lo que nos gustaría: algunos lienzos de muralla, los restos de los dos aljibes, parte del sistema de entrada y las dos torres vigía. No es mucho en términos estructurales, pero es suficiente para que entiendas lo grande e importante que fue para la zona.

¿Cómo llegar?
El Castillo de Montornés está a 4 kilómetros del casco urbano de Benicasim, dentro del Parque Natural del Desierto de las Palmas, y puedes llegar hasta él de dos formas:
La más fácil y rápida es en coche, tomando la carretera CV-147 —la carretera del Desierto— en dirección al Monasterio de los Carmelitas. Tras unos kilómetros encontrarás el desvío hacia una pista forestal que sube hacia el castillo. Solo tendrás que caminar unos 15 minutos por una senda para toparte con él.
Y si te va moverte, entonces el reto es subir a pie desde Benicasim o en bici. Esta ruta es de dificultad media y tiene bastante desnivel acumulado, pero merece la pena. Andando te va a llevar unas dos horas y en bici apenas media; eso sí, por el camino vas a poder ir disfrutando del Parque Natural, con fauna variada —águilas perdiceras, halcones peregrinos, jabalíes o zorros— y de unas vistas espectaculares al mar.
¿Qué ver cerca? Benicasim da para mucho más
Subir al castillo es la excusa perfecta para pasar el día en la localidad, pero que sepas que hay mucho más que ver en Benicasim en lo que quizá no habías reparado. Es un municipio que tiene muchas más capas de las que aparenta y ahí va lo que no te puedes perder.
Las playas: siete kilómetros de arena y Banderas Azules
Benicasim tiene uno de los litorales mejor equipados de toda la Costa del Azahar: siete kilómetros de arena fina de norte a sur, con cinco playas diferenciadas y el mayor número de Banderas Azules de Castellón. Si tienes que elegir, estas son las favoritas:
- Heliópolis: la más larga del municipio, con 2,5 kilómetros de extensión y un paseo marítimo con carril bici por el que merece la pena pasear incluso si no vas a bañarte. Tiene Bandera Azul, escuela de vela, biblioteca del mar, cine de verano y todos los servicios que puedas imaginar.
- Els Terrers: tiene forma ovalada y está protegida por espigones que dan como resultado aguas extremadamente tranquilas. Es ideal si vienes en familia o quieres practicar paddle surf o kayak. Cuenta con Bandera Azul y Q de Calidad Turística.
- Voramar: está más al norte, en una zona residencial donde se encuentran las célebres villas de principios del siglo XX y el inicio de la Vía Verde del Mar. Tiene ese carácter algo más tranquilo y distinguido que la diferencia del resto.

El Biarritz valenciano
Alrededor de las playas de Voramar y Almadraba se extiende el barrio conocido como el «Biarritz valenciano», una sucesión de villas de veraneo construidas entre finales del siglo XIX y principios del XX por la burguesía castellonense y valenciana.
Hablamos de mansiones con torres, jardines y detalles art nouveau que en su época convirtieron a Benicasim en el destino de moda. La Ruta de las Villas recorre en una hora 27 de estas construcciones a lo largo de los paseos Pilar Coloma y Bernat Artola.
El Parque Natural Desierto de las Palmas
El Desierto de las Palmas no es un desierto —a pesar del nombre—, sino un vergel de 3.200 hectáreas de pinar y monte mediterráneo. Los monjes carmelitas que se establecieron aquí en el siglo XVII lo llamaron así por lo deshabitado que estaba, y el nombre se mantuvo.
El parque alberga más de 120 especies de aves y mamíferos como el jabalí, el zorro o la ardilla roja. Si te gusta observar la fauna y el senderismo, tienes que explorar este paraje tras tu visita al Castillo de Montornés.

Aquarama, karts y mercadillo
Para los días en los que el sol aprieta demasiado, puedes acudir a Aquarama, uno de los parques acuáticos más veteranos de la costa valenciana, con toboganes, piscinas de olas y zona infantil. Todo un clásico de los veranos.
Y para los amantes de la velocidad… ¡hay karts en Benicasim! Es una pista con circuito para adultos y niños, ideal para visitar tras pasar el día en la playa o en el Castillo de Montornés. Además, cada jueves el mercadillo semanal toma las calles del pueblo. Si te animas a recorrerlo, encontrarás ropa, artesanía, productos locales y muy buen ambiente.
¿Te vienes a descubrirlo?
Si el Castillo de Montornés pudiese hablar contaría muchas más historias y sería muchísimo más interesante visitarlo, pero perdería todo su encanto, ¿no crees? Subir aquí, en su estado actual, te reconcilia con la naturaleza, te aleja del turismo de masas y te regala una perspectiva diferente —literalmente— del litoral castellonense. Solo por eso ya merece la pena.
Y como en Orange Costa queremos que disfrutes de este y de muchos otros rincones poco explorados que hay en Benicasim, te ofrecemos alojamientos de todo tipo en la zona y a buen precio para que disfrutes de la libertad de tener tu propio hogar aquí, en plena Costa del Azahar.




