Al sur del Delta del Ebro está nuestra queridísima Peñíscola, una de las villas costeras más bellas de toda España. Y es así por el Castillo medieval de Peñíscola y, sobre todo, por sus tremendos arenales, que justamente es de lo que venimos a hablarte hoy.

Vamos a enumerarte las mejores calas de Peñíscola y a contarte cómo son con todo lujo de detalles para que elijas la tuya.

Las cinco mejores calas de Peñíscola

Antes de salir de ruta, que sepas que casi ninguna de estas calas tiene servicios —ni socorrista, ni chiringuito, ni sombra—, así que llévate todo lo que necesitas para pasar el día. Hablamos de agua, protector solar y, sobre todo, calzado tipo cangrejeras, porque el fondo de muchas de ellas es de guijarro o de pequeñas rocas.

#1 Cala del Moro

Cala del Moro es un arenal diminuto, casi de bolsillo, de unos 40 metros de largo por 10 de ancho, con agua extremadamente transparente y guijarros en el fondo.

Y lo mejor es que no hace falta complicarse mucho para llegar hasta ella: la tienes a apenas unos minutos en coche del centro, con un pequeño aparcamiento —eso sí, sin vigilancia— justo al lado.

Tiene servicio de limpieza, pero ojo, no hay socorrista, así que el baño corre por tu cuenta. ¿Más a su favor? Desde el agua tienes una de las postales más bonitas de Peñíscola, con el Castillo del Papa Luna justo detrás.

#2 Cala Puerto Negro

Sigue la carretera de la Sierra de Irta un poco más al sur y, a solo 15 minutos, está Puerto Negro, otra integrante de la lista de mejores calas de Peñíscola. Rocas, guijarros grises y una vegetación que crece casi hasta rozar el agua. Aquí sí que vas a sentir que estás lejos de todo… aunque en realidad no lo estés tanto.

Es diminuta —apenas 230 metros de largo— pero con un agua azul intenso que solo se ve en las calas poco transitadas como esta. Además, es la favorita de los locales para practicar nudismo.

#3 Cala Puerto Azul

A tiro de piedra de Cala del Moro —literalmente, porque solo las separa un pequeño peñón— está Puerto Azul. Aquí no vas a pisar ni un grano de arena: la cala es solo de guijarros y de unos 30 metros de largo.

Pequeña, sí, pero con muchísimo encanto, sobre todo si lo tuyo es que te dé el sol prácticamente todo el día. Y ojo al dato, porque Puerto Azul es una de las pocas calas de la zona —playas para perros en Peñíscola hay más— donde puedes traerte a tu peludo.

#4 Cala l’Aljub

A Cala l’Aljub solo puedes llegar a pie o en bicicleta, así que cuando por fin la alcanzas tienes la sensación de haberte ganado a pulso el privilegio de estar aquí. ¿Qué tiene de especial? Agua de un azul-verdoso precioso, arena mezclada con roca y una vegetación mediterránea que enmarca la cala por los cuatro costados.

¿Nuestro consejo? Aprovecha alguna ruta de senderismo o de bici por la Sierra de Irta y para aquí a mitad de camino para darte un chapuzón.

#5 Cala Argilaga

Cerramos el listado con la cala más alejada del centro: Argilaga, ya casi pisando el término de Alcossebre. Y sí, el trayecto es algo mayor, pero merece totalmente la pena conocerla.

Aquí te esperan cuevas, formaciones rocosas y un agua de una transparencia envidiable. Puedes hacer de explorador entre las grutas o usarlas simplemente para resguardarte del sol. La orilla es de arena y grava de tonos blanquecinos y aquí sí que hay servicios básicos —señalización, vigilancia y limpieza—, además de una pequeña zona de aparcamiento junto a la carretera.

Otras calas que también puedes explorar

Si las cinco anteriores calas de Peñíscola se te quedan cortas, la Sierra de Irta esconde todavía algunas más pequeñas y menos conocidas:

  • Cala Ordí: está entre Puerto Azul y l’Aljub. Es muy estrecha —unos 50 metros de largo por 10 de ancho— y de grava y guijarros. Para bajar hasta ella tendrás que sortear algunas rocas. ¿Lo bueno? El agua es muy clara, estupenda para hacer snorkel.
  • Cala del Volante: se encuentra al lado de l’Aljub y cuenta con unos 32 metros de largo con un suelo prácticamente lleno de guijarros. A diferencia de otras calas pequeñas de la zona, sí cuenta con señalización, vigilancia y servicio de limpieza.
  • Cala Cubanita: una calita muy pequeña y natural, situada junto al Faro de Irta y la Font de la Parra, prácticamente al lado de Cala Argilaga. Sin servicios.
  • Cala Badum: está junto a la famosa Torre Badum, una construcción vigía medieval que corona el acantilado. Tiene unos 35 metros de largo y el acceso es de los más complicados de toda la lista, lo que la convierte en una de las más solitarias y silenciosas.

Y si buscas algo con espacio para extender la toalla y con comodidades sin salir de esta zona, ten en cuenta que junto a estas calas también encontrarás playas más grandes como la Playa de las Viudas, Santa Lucía, el Russo o la Basseta —técnicamente clasificadas como playas y no como calas—.

Cómo moverte entre las calas de Peñíscola y qué tener en cuenta

Todas estas calas se encuentran a lo largo de la misma carretera que bordea el Parque Natural de la Sierra de Irta, señalizada desde el sur de Peñíscola. Cuanto más te alejes del pueblo, más solitaria y virgen se vuelve la costa, pero también menos servicios vas a encontrar, así que, si tienes pensado pasar el día fuera, lleva contigo todo lo necesario: agua, comida, sombrilla y calzado adecuado para el agua —¡cangrejeras que no falten!—.

Y ojo, que Cala Argilaga, Cala Cubanita y Cala Badum se encuentran ya dentro del Parque Natural de la Sierra de Irta, y desde hace varios veranos la Generalitat Valenciana restringe el acceso en vehículo a la pista litoral del parque durante la temporada estival —aproximadamente de junio a septiembre, entre las 8:00 y las 19:30 h—. Para poder ir en coche o moto necesitas reservar plaza de aparcamiento con antelación a través de la app oficial GVA Parcs Naturals un par de días antes, como mínimo.

Cala del Moro, Puerto Azul, Ordí, Puerto Negro, l’Aljub y Volante, en cambio, quedan justo fuera de esta zona restringida y puedes acceder a ellas en coche sin reservar.

Si además quieres aprovechar el buen tiempo de Peñíscola —recuerda que el mar se mueve entre los 13 y los 26 °C según la época—, los meses de junio a septiembre son los más recomendables para el baño, mientras que en primavera y otoño encontrarás estas calas —y también las mejores playas de Peñíscola— mucho más tranquilas y con temperaturas igual de agradables para caminar o ir en bici.

¿A qué cala de Peñíscola vas a ir primero?

Las calas en Peñíscola son una auténtica maravilla para desconectar de la rutina, bañarte en aguas cristalinas y conectar con la naturaleza más salvaje de la Costa del Azahar.

Si estás deseando poner un pie en ellas y pasar aquí el verano de tu vida —disfrutando también del casco antiguo de Peñíscola, del Jardín del Papagayo, de su mercadillo y de su gastronomía en los mejores restaurantes de la zona—, en Orange Costa tenemos justo lo que necesitas. Échale un ojo a nuestra oferta de apartamentos vacacionales en Peñíscola y reserva ya tu base de operaciones para empezar a explorar este paraíso mediterráneo.